Los defectos que nos asignaron

He pasado unos días fuera, en Córdoba (magnífica ciudad) y, por supuesto, he incumplido mi plan de no repetir ropa ya que no quería llevar una malera inmensa. Hoy, que he vuelto, he encontrado este interesante vídeo, llamado “El Maltrato Sutil”, que nos habla de los peligros de todo lo que nos dicen que tenemos que hacer para sentirnos bien, guapas. Y el peligro de dejar de sentirnos bien si no hacemos todas estas cosas. El mayor daño no es ya todo lo que tenemos que consumir, sino adónde puede llevar ese complejo de inferioridad y sus terribles consecuencias.

Espero que os guste, ha mí me ha resultado magnífico.

Enlaces interesantes:

http://www.miticavivencial.eshttp://emocion-arte.ning.com/http://www.emocionartecoach.com

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Pequeño consejo mientras me recupero

Con nuestra querida ola de frío las anginas han hecho presa de mí (¿alguien lo dudaba?) y llevo varios días sin salir a la calle, con lo que no he podido llevar a cambo mi experimento. Sin embargo, os dejo un pequeño consejo que nos ayude a no creernos que vamos tan mal, y es el que he leído en uno de los blogs de Vogue acerca de no pasar demasiado tiempo mirándose al espejo:

“Prolongar el tiempo que te miras durante más de diez minutos causa ansiedad. E inseguridad. 

Y es que, al grupo de voluntarios estudiados* (entre los que se encontraban también personas con trastorno dismórfico corporal) se les pasó un cuestionario para valorar su outfit antes y después de haber pasado esos diez minutos frente al espejo, siendo mucho más negativas sus opiniones después de haberlo hecho. Entre otros cosas porque irremediablemente fijas tu vista en esos pequeños defectos de nuestro cuerpo que no nos gustan.”

Conclusión: no le demos tantas vueltas, la autoconfianza también se plasma en estar seguros de que nuestra primera impresión (antes de que pasen esos 10 minutos) era la acertada, y mejor no darle tantas vueltas, y tomarlo menos en serio.

A lo mejor era esto lo que le pasaba a la madrastra de Blancanieves…

* Esta noticia ha sido extraída de un estudio del que se habló en el Daily Mail.

http://backend.deviantart.com/embed/view.swf?1
Mirror by ~Einwegherz on deviantART

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Fotografía, publicidad y mujer. Los peligros y los daños.

He encontrado esta reflexión en Facebook que me ha parecido muy interesante, se titula CÓMO LA FOTOGRAFÍA HA ARRUINADO LA VIDA DE MILLONES DE MUJERES y la firma Txema Rodríguez.

Resumiendo mucho, yo me quedo con que se habla de la imagen de mujer que se vende, de la manipulación de la publicidad y de cómo, en muchos casos, el mal gusto y la necesidad de impacto ha reemplazado la naturalidad y el buen gusto en la fotografía. ¿A vosotros qué os parece?

“Un resumen rápido nos muestra en las revistas de moda (digamos femeninas) a un grupo de mujeres aparentemente muertas en manos de fotógrafos que, salvo contadas excepciones, son hombres, fetichistas, gays o narcisistas. Y puede que sean varias de esas cosas a la vez. Gente que construye la imagen del otro sexo sin observarlo a partir de parámetros ajenos al sujeto, que hablan de una supuesta perfección que esconde los abominables matices que Hans Bellmer denunció como pretensión absurda de los nazis respecto de sus muchachas. Mujeres rotas, fragmentadas, pornográficas, simples ampliaciones de los penes: Aparecen en escenarios en los que son asesinadas, violadas y esclavizadas para, en una extraña vuelta de tuerca, ser transformadas en objeto de deseo para sí mismas gracias al boyante negocio de la cirugía estética y todas sus ramificaciones.

¿Cómo hemos llegado a este punto grotesco?. Tal vez sea cierta (creo que lo es) la idea de John Berger respecto a la publicidad como sustituto de la democracia, la elección de lo que uno come (o viste, o conduce) ocupa el lugar de la elección política significativa. La publicidad ayuda a enmascarar todos los aspectos antidemocráticos de la sociedad. Y enmascara también lo que está ocurriendo en el resto del mundo. La misoginia, por ejemplo. Porque estamos hablando de eso, del control de las mujeres (en especial cuando se hace en nombre de su liberación) mediante el control de su aspecto. Las muñecas perfectas, inertes, higiénicas, reutilizables, fragmentadas y estúpidas que nos venden las revistas etiquetadas como productos de “glamour” no están muy lejos de las chochonas que el Fuhrer parece ser que intentó producir en Dresde para proteger a sus tropas de las enfermedades venéreas. Vivimos en la época de la vagina industrial, rodeada de una cuidada anatomía que ha de ser medida con precisión irreal ahora que ya no existe, al menos en nuestra sociedad, el himen como mecanismo de control. Bien, ahora pueden no ser vírgenes pero han de admirar una fotografía y tratar desesperadamente de asemejarse a ella. Y no solo en el terreno de la belleza, sino en basuras como The Pin-Up House Wife by Sarah Church & Matthew G Hollis que es un, en cualquier caso, un mero ejemplo de lo que en el mundo de las publicaciones destinadasa la mujer se llama producción. La búsqueda de un escenario sobre el que incluir a una hembra muñeca en posturas variadas con el obejto de venderle una camiseta o un lápiz de labios. Y se pegan por hacerlo, lo vemos a diario en cualquier comercio del ramo.

La fotografía actual nos muestra a la mujer desvirtuada, transformada en un aparato de fantaseo, no como una contemplación (la belleza se encuentra y admira, no se construye o crea, porque sucede espontáneamente a través de quien la descubre y la muestra a otros). Ahora la fotografía de lo femenino es parafílica. A este respecto son notables los arriesgados trabajos de la fotógrafa Cindy Sherman y también los de Tracey Emin. Aunque hay algo sobre lo que reflexionar en ambos casos en comparación con otros dos muy conocidos. Sherman y Emin han caído en la trampa de la deconstrucción y el simbolismo de la que milagrosamente se salvaron Francesca Woodman y Ana Mendieta. Aunque lo hiceran por medio del suicido, y eso es un síntoma sobre el que millones de mujeres habrían de reflexionar si no fueran prisioneras de su aspecto.

El crítico Hal Foster explica que una buena porción del arte contemporáneo (y la fotografía lo es) presenta la realidad como un trauma, como una indigestión del retorno a lo real que agrupa a artistas como la citada Cindy Sherman, Kiki Smith, Andres Serrano, Robert Gober, Paul McCarthy o Mike Kelley, bajo la idea de un «realismo traumático» que opera «desde lo real entendido como efecto de la representación a lo real como un evento del trauma». O, dicho de otra manera, los elementos que se manejan no son la mirada, sino el deseo, el dinero que de ello se puede sacar y la manipulación de las percepciones para conseguirlo. Los malos fotógrafos crean escenarios con mujeres dentro, que son objetos del escenario (con un fin). Los buenos fotógrafos encuentran la belleza en lo que miran, intiman con las personas (no sólo mujeres) que fotografían y revelan esa belleza (u horror) para conciencia y autodescubrimiento del espectador que se ve reflejado por ellos, o identificado con ellos por afinidad u oposición/contraste.

En la buena fotografía se llega a un punto en el que lo que ves es algo de lo que no puedes hablar. Que te toma y te conmueve. Podemos utilizar como ejemplo este retrato de Greta Garbo realizado por Edward Steichen (en realidad nos serviría cualquiera de sus fotos). En la mala todo es obvio hasta la obscenidad, como en el porno. Mientras una resulta envolvente, sugerente y erótica la otra no requiere pensamiento, es una simple paja con corrida que incapacita para reconocer la verdadera belleza cuando se muestra ante nuestros ojos. Resulta algo terrible, porque la misoginia de las imágenes femeninas se transforma en pederastia y pedofilia: Llega el momento en que el ojo no es capaz de distinguir las maravillosas imágenes de Sally Mann del material destinado al consumo por parte de degenerados.

Retrato de Greta Garbo por Edward Steichen (1928). Fuente: http://theworldofphotographers.files.wordpress.com

Eso, extrapolado, tiene el mismo efecto en otro tipo de fotos (moda/reportaje de guerra) No se distingue al tarado mental de Guy Bourdin de Robert Capa, o a Bellmer y Helmut Newton de los psicópatas que llenan de basura fotográfica las revistas en una labor implacabe de degradación no solo de la mujer sino de lo no masculino (cualquier opción de identidad sexual que no lo parezca)

La fotografía de moda puede ser sublime, dejarte sin palabras. Aunque es cierto que eso ya no se lleva. Ahora, en el próximo escalón hacia la nada, triunfan los artistas de la modificación y los chapuzas del bisturí.”

 

(Hoy, para mi experimento personal, he llevado falda negra de Zara con cremalleras y camiseta con una vespa dibujada en cristalitos, traída de Como, Milano. Ayer, Vestido de pana marrón, también de Zara. Todo ya de hace años, pero ponérmelo después de bastante tiempo me ha hecho sentirlos casi casi como nuevos. O, por lo menos, novedosos. :))

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Yo digo NO a las rebajas (o casi casi)

¡Aquí vuelvo! He paseado ya por las rebajas de la calle Goya demasiados días, buscando esa ganga, esa prenda que me encante y, lamentable o tal vez afortunadamente, no encuentro nada que de verdad valga la pena (salvo unas botas que me ha regalado mi padre y que buena falta me hacían). Cada vez que me fijo en algo, lo miro tres veces y me paro a pensar: ¿realmente lo necesito? Luego llego a mi casa sin bolsas, y al abrir mi armario  pienso “No tengo nada que ponerme”. Pero al mismo tiempo en mis ojos no pueden dejar de ver que tengo el armario absolutamente repleto de ropa que me encanta. Que debería tener menos ropa y que cualquier día va a reventar el pobrecito.

 

Así que, una vez más, me encuentro con Un Armario Lleno De Nada Que Ponerme. Y, una vez más, me planteo el reto de demostrarme a mí misma que es mentira. Así que reanudo el experimento que ya inicié en su día (del blog original, que fue borrado y aún no he conseguido recuperar): Vamos a ver cuánto tiempo puedo estar sin repetir conjunto y no por ello sintiendo que voy mal vestida o de manera inadecuada.  Creo que, además, en estos tiempos de crisis, no va a venir nada mal. Os propongo que rebuscar y recuperar un poco más, “tunear” y arreglar lo que ya tenemos, antes de derrochar y cebar a nuestro pobre armario.

Mi armario

Mi armario, temeroso de que siga llenándolo de pingos

Empiezo con un pequeño recuento de la ropa de mi armario (ojo, algunas cosas están en el tendedero):

  • 20 pantalones (de éstos, creo que dos ó tres ya no me valen)
  • 21 vestidos (entre vestidos más abrigados y hasta algunos de fiesta). Aquí no incluyo los vestidos palestinos.
  • 17 faldas (largo medio y minis casi todas, sólo una larga hasta los pies).
  • 8 camisas
  • 3 chalecos de lana
  • 10 jerseys gordos (sólo aptos para el invierno)
  • 6 chaquetas de entretiempo + 7 toreras
  • Unas 20 camisetas de manga larga/abrigadas
  • 2 americanas
  • Las de manga corta o sin mangas ya es que me da vergüenza contarlas

Además, como tengo el maravilloso problema de tener los pies helados desde principio de otoño hasta finales de primavera sólo puedo usar botas. De éstas, contando mi nueva adquisición en botas marrones, tengo ni más ni menos que 15 pares además de 3 pares de botines. Otro día os hablaré de mi afición a las chupas de cuero.

Bueno, reanudo este experimento esperando que os resulte entretenido y que las reflexiones que incluiré os hagan pensar un poco en si la autoestima tiene que depender tanto de todo lo nuevo o a la última que tenemos.

Hoy enlazo con unas frases que ha recopilado Vogue para quererse un poquito más. Citas de celebrities, pero tened en cuenta que ellas tampoco están siempre como salen en las fotos. ¡También son seres de carne y hueso con legañas y poros!

http://www.vogue.es/articulos/diez-frases-de-celebrities-sobre-autoestima/16064

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Un desfile y una feria de moda vistos desde dentro (I). Los primeros pasos.

No tener nada que ponerme o más bien nada que poner en mi perchero, hizo que volviera a pensar en si en mi armario, en esta ocasión, profesional, tenía suficiente material. Esto sucedió cuando me surgió la oportunidad de participar en una feria de moda, desfile incluido. Y me gustaría contaros cómo fue la experiencia.

En primer lugar, para que podáis entender esto es necesario explicar que tengo una firma de moda que llevo moviendo desde marzo de 2010. Con la ayuda de mi familia y mis amigos, la firma se va moviendo y adquiriendo cierto conocimiento. Por fin, en mayo, encontré tiempo para dedicarme a mover la firma a tiempo completo. No me extenderé aquí haciendo promoción de mi firma, si queréis verla, podéis entrar en mivestidopalestino.blogspot.com

Como decía, con el esfuerzo realizado para dar a conocer mi marca, me llegó un correo de una asociación de nuevos diseñadores con la que había contactado, seguramente en busca de ayudas para promocionarme. La asociación me ofrecía un espacio para exponer mi producto en The Brandery. Esta feria se celebra dos veces al año en Barcelona y tiene ciertos matices de estilo urbano y joven, por lo que me pareció adecuada para mi producto. Además del espacio, me ofrecían la oportunidad de participar en un desfile conjunto, donde presentar a seis modelos con productos de mi firma.

El problema, en mi caso, era sobre todo de tiempo. Acababa de terminar mi primer desfile (del que hablaré en otro post) y en cuestión de una semana necesitaba tenerlo todo listo para coger el AVE a Barcelona. Así que aquellos días iban a ser de infarto. ¿Qué cosas hay que preparar para acudir a una feria de moda? Aquí dejo las que yo identifiqué como más importantes:

Colección para llevar al desfile: aunque por suerte tenía el muestrario ya hecho con las propuestas de temporada, tuve que encargarme de dejarlas perfectamente pulidas con la ayuda de una modista. Normalmente los muestrarios los confecciono yo, pero no se me dan bien los acabados. Además, mi máquina de coser estaba rota.
Cartelería, tarjetas,etiquetas, etcétera. Para poder editar la cartelería, resultaba además necesario tener fotos de catálogo, lo que me llega al siguiente punto:
Fotografías para catálogos y etiquetas: el tema de realización del catálogo resultó especialmente complicado. ¿Por qué? En primer lugar, teníamos preparada una sesión de fotos con el fotógrafo que las hace habitualmente (uno de mis mejores amigos), además de 8 chicas, todas muy buenas amigas que me hacen el gran favor de ayudarme siempre con este proyecto. Sin embargo, la modista falló y no tuvo la ropa a tiempo, así que el fotógrafo ya no podía hacer las fotos más adelante. El tiempo se achaba encima y yo necesitaba unos días de margen para la edición. Afortunadamente, una de mis amigas pasó de modelo a fotógrafo y, entre las dos, sacamos un catálogo de lo más bonito en el que posaron 4 de mis amigas (incluyo fotos adjuntas aquí).

Complementos para el desfile: en algunos casos, la ropa que iba a salir a desfile debía combinarse con leggins, zapatos, etcétera. Era necesario proporcionar, dentro de la propuesta de ropa, también esta serie de accesorios. En mi caso, afortunadamente, se reducía a unos leggins de vinilo y otros de punto de algodón, ya que el calzado lo proporcionaban las propias modelos.

Transporte: había que llegar a Barcelona desde Madrid así que, en mi caso, me planteé dos opciones: AVE o autobús. Entre que no me gusta volar y no pensaba arriesgarme a que me perdiesen mi querida colección al facturarla, la opción del avión estaba descartada. Al final, ganó el tren. Sacar los billetes, y coordinar la salida de mi hermano, que vendría a ayudarme a atender el stand mientras yo estuviese preparando el desfile, fue una de las últimas cosas que tuve tiempo de hacer. Consecuencia: sablazo en billetes de tren.

Alojamiento: la asociación facilitaba un hotel a buen precio. Sin embargo, tengo varios familiares y amigos en la ciudad, de forma que no encontré problemas en este aspecto.

Medios audiovisuales: además de algo de cartelería, mi amiga hizo este vídeo con las fotos de la sesión de la que os hablaba antes. La verdad es que el resultado fue precioso y lo proyecté durante toda la feria.

Comunicación constante con la organización: me sorprendió ver el niveld e comunicaciones que tuve que realizar durante toda esta semana. Por una parte, desde la asociación nos reenviaban correos de la feria, con información que necesitábamos para las acreditaciones, con quién teníamos que hablar para el desfile, etcétera. Lamento quejarme en este aspecto (este post no pretende hablar sólo de cosas bonitas sino explicar cómo se trabaja en este mundillo, donde hay cosas buenas y malas), ya que fue casi una aventura ir a Barcelona sin tener demasiado claro si iba a poder entrar en el recinto ferial, si mis invitados recibirían invitaciones, etcétera. Además, los encargados de la feria necesitaban información, tanto escrita como gráfica para incluirnos en el catálogo de la feria, y los encargados del desfile y el backstage necesitaban fotos de los conjuntos que se iban a llevar para el desfile.

En conclusión, que entre la preparación de la ropa con la modista, las comunicaciones con la organización y la asociación, la preparación de la sesión de fotos y la edición del catálogo y el montaje del mismo y las etiquetas, fue una semana realmente agobiante. Afortunadamente, dio tiempo a tenerlo listo todo salvo por algún imprevisto (los catálogos no salieron a tiempo, y con las prisas, los encuadernamos al revés), pude dormir como cuatro horas para coger el primer AVE (el más barato) del martes, esperando llegar con mi muestrario en la maleta a primera hora a Barcelona, para poder entrar en el recinto ferial y dejarlo todo listo para la apertura de la feria, que comenzaba el miércoles.

Hasta aquí la primera parte de mi aventura viviendo la feria y el desfile desde el otro lado, ¡desde dentro! En el próximo post os iré contando cómo siguió mi aventura. Pero bueno, como adelanto, os digo que la experiencia valió la pena 🙂 .

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Y en la cabeza, ¿qué me pongo?

A bad hairday, by azurylipfe en Deviantart

El aspecto del cabello influye en el estado de ánimo de casi el 70% de las mujeres
El 68% de las mujeres afirma sentirse deprimida cuando siente que su pelo está apelmazado y con falta de movimiento, mientras que el 20% reconoce planificar su vida personal y profesional entorno al momento en el que pueden lavarse la cabeza, según el estudio ‘Movimiento Pantene’.

Es de enorme importancia que el pelo femenino esté sano, lleno de plenitud, movimiento y frescura El estudio, que tiene como objetivo analizar la importancia del cabello y la influencia que puede tener en el día a día de hombres y mujeres, ha sido realizado por Pantene Pro-V a 4.000 mujeres europeas de Reino Unido, España, Alemania, Portugal, Italia, Grecia, Francia y Bélgica.

Una de las principales conclusiones extraídas del estudio es que, tanto para hombres como para mujeres, “es de enorme importancia que el pelo femenino esté sano, lleno de plenitud, movimiento y frescura” ya que, según las encuestadas, “influye directamente en el carácter y estado anímico y puede llegar a delimitar el éxito profesional, personal e incluso sentimental”.

Las mujeres españolas entrevistadas afirman que el cabello es una parte fundamental en su cuerpo, mientras que los hombres creen en su mayoría que el cabello femenino es un elemento central de atracción que “define la feminidad de cada mujer”. “De hecho, ellos mismos reconocen que el pelo de las mujeres además es una fuente de mensajes”, advierte.
En este sentido, el 16% reconoce lavarse el cabello siempre que sale con amigos o tiene una cita. Además, un 20% afirma planificar su vida según el momento en el que pueden lavarse el pelo, para así lucir siempre una sensación de pelo recién lavado.

Pelo limpio, mayor seguridad
En el terreno laboral, los hombres perciben que las mujeres con el pelo limpio y con movimiento transmiten una mayor profesionalidad y seguridad, por su parte las mujeres afirman que son capaces de retrasar un encuentro o cancelar una cita esperada cuando sienten que su pelo no está como a ellas les gustaría (…).”

En fin.  Dejo esta información aquí sólo paa pensar en ella. Me gustaría decir que no es para tanto, pero aquí me declaro la primera que pica en todo esto. En cualquier caso, no hay que olvidar que no se trata únicamente de un tema estético, sino también de una cuestión de higiene personal. Todos nos sentimos cómodos al estar limpios, no sucede lo mismo cuando nos hemos manchado de forma muy visible, o el calor nos ha hecho sudar. Por suerte, o por desgracia, podemos despedirnos del calor por una temporada. Buenas noticias si lo miramos con otros ojos: vuelven las botas, las cazadoras, y para la lluvia y el frío, boinas, gorras y sombreros estupendos. Grandes aliados para los días en que el pelo pasa por esos momentos difíciles 🙂

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El Detonante

(Aviso: los dos primeros párrafos hablan de la nueva ubicación. Si quieres ir “al grano”, sáltatelos)

Llevaba demasiado tiempo pensando en retomar este blog. De hecho, me lo propuse esta primavera. Sin embargo, cuando fui a buscar mi blog en internet, me encontré con que los amigos de “Diarios” habían desaparecido. Se habían desvanecido en una de esas páginas que yo ya no comprendía muy bien de qué trataban (juegos, descargas, noticias…), pero que ya nada tenía que ver con un blog. Redirigida al caos. En fin. Dice un proverbio ruso que “caer está permitido. Levantarse es obligatorio”. Así que espero poder reconstruir mi blog de las cenizas y que resurja cual ave fénix. Y recuperar mis post perdidos (snif…). Mientras tanto, seguimos adelante en esta nueva ubicación -más conocida, y por tanto espero que resulte también más fiable-.

Corté mis entradas la última vez porque me vi obligada a repetir ropa (ya sabéis que el propósito del blog era un intento de calcular cuánto tiempo puede estar una persona sin repetir conjunto), me imagino que se debió al frío polar que hizo el invierno pasado y que me hizo tirar de la ropa más abrigada del invierno, ésa que sólo me ponía durante mi Erasmus en Flandes… pero todo esto ya es pasado. Así que vamos al tema.

Quería retomar estos temas pero necesitaba un detonante, empezando por las ganas de no repetir ropa y siguiendo por algo más interesante que contar, en la línea de mis reflexiones acerca de por qué llegamos a creer que no tenemos nada que ponernos. Ayer, finalmente, se me presentó una ocasión de lo más interesante. Acudir como figurante al desfile de Francis Montesinos.

Así que allí que me fui –yo siempre me apunto a un bombardeo-, directa desde la oficina a todo correr, a la famosa Madrid Fashion Week, en su edición de Septiembre de 2010. Llegué la última, pero con media hora para ver el trocito de escenario que nos tocaba a los figurantes justo antes del desfile. Y para encontrar algo que ponerme. Y allí volvió la sensación: ¡No tengo nada que ponerme! Porque viví unos segundos de absoluta desorientación, buceando entre las perchas y las cajas de ropa e intentando combinar algo que tuviese algún sentido dentro del ambiente que se iba a crear. Al final, una blusa de gasa preciosa, pantalones que parecían pensados para actuar en un concierto (me recordaron a unos que le vi una vez a Bruce Dickinson, sólo que con más brillos) y zapato con taconazo. En fin, yo no me quedé tranquila con la idea hasta que vino el coordinador, me miró y me dio una chaqueta con solapas: -Póntela al hombro. ¿Tienes gafas de sol? Póntelas. Y una copa en la mano –concluyó mientras me traía un vaso de cubata con zumo de naranja o similar. Así que allí nos fuimos, desfasados ibicencos algunos, y otros ibicencos más “zen”, a crear el ambiente inicial en la parte lateral del escenario. Después, salía y paso a los profesionales. Profesionales de los pies a la cabeza, por cierto, porque bien agobiados que iban y no dejaban de prodigar simpatía y sonrisas a todos los fotógrafos que los llamaban y se acercaban a ellos cada vez que salían del escenario por la parte de atrás. Comentarios miles podría hacer – no es lo mismo ver una prenda en un vídeo o en una foto que verla en vivo, cómo se mueve al caminar y cómo se nota la mezcla del talento con la falta de limitaciones a la hora de elegir materiales-.

La vuelta a la realidad vino poco después, cuando volví a ponerme la ropa que llevaba aquella mañana – los vaqueros más viejos del armario, zapatillas de deporte, en fin, menos mal que por lo menos la camiseta me quedaba bien y llevaba el pelo muy arreglado-, para hacernos primero una foto con Jon Kortajarena -justo antes de que se marchase del vestuario, imagino que dispuesto a huir del posible acoso a la salida; muy amable el chico- y después hacer kilómetros por la feria viendo más y más conjuntos bien preparados. No como el mío. Hoy he retomado el espíritu, sacando una blusa y unas botas. Por si vuelvo esta semana, aunque esto aún es una incógnita. Deben de ser este tipo de cosas las que nos obsesionan más a la hora de pensar que no tenemos nada que ponernos. Ver que los demás sí parecen tener el armario lleno de ideas nuevas. Al menos para nosotras. Porque me parece que Mr. Kortajarena, sabiéndose el centro de todas las miradas de las niñas que habían –habíamos – acudido como figurantes, mientras se cambiaba de ropa, sí que debía de estar pensando algo similar: no tengo nada que ponerme. O más bien: “menos mal que tengo algo que ponerme”. Pobre hombre.

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